Venezuela fue sacudida por dos terremotos consecutivos de magnitud 7,2 y 7,5 en el estado de Yaracuy, provocando una catástrofe sin precedentes en La Guaira. Las cifras oficiales confirman que el número de fallecidos ha ascendido a 1.450, con más de 3.000 heridos y 50.000 desaparecidos.
A medida que avanzan las horas, las condiciones en la zona cero empeoran drásticamente. Rescatistas internacionales han reportado que el "olor a muerte" es sumamente intenso. Paralelamente, el caos desató una ola de delincuencia con robos masivos y saqueos en comercios, generando protestas ciudadanas contra la escasez de ayuda oficial.
A pesar del sombrío panorama, se han logrado rescates extraordinarios. Equipos de Francia y EE. UU. lograron extraer con vida a un padre y su hijo adolescente tras casi cuatro días bajo los escombros. La catástrofe ha atraído la ayuda de rescatistas de 24 naciones, incluyendo el despliegue de la "Operación Quisqueya Solidaria" desde República Dominicana.
A nivel político, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró La Guaira como zona de desastre y militarizó el estado. Por su parte, la líder opositora María Corina Machado afirmó que "la prioridad absoluta es salvar vidas".